l_luevano@hotmail.com

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Si tu hermano peca contra tí.

Mateo 18:15, dice: “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, vé y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano”. Muchos hermanos no entienden este texto, o lo aplican mal. Por ejemplo, muchos ven en él, una oportunidad para contender, o para pelear contra otro hermano. El texto no enseña tal cosa. Otros creen que dicho texto muestra “el proceso que se debe seguir cuando andan en pecado”. No, tampoco enseña tal cosa. ¿Qué enseña Cristo? Hoy vamos a considerar algunas enseñanzas importantes que nos proporcionan estas palabras de Cristo, pero lo vamos a hacer dentro de su contexto.

Cuando Cristo declaró las palabras del verso 15, de Mateo 18, preparó de antemano las mentes de sus discípulos, enseñándoles acerca de la actitud que deben tener los unos para con los otros. En el contexto, les explicó acerca de la humildad, al mostrarles que:

SI TU HERMANO PECA CONTRA TI, NO HARÁS LO CORRECTO, SI NO TIENES LA HUMILDAD NECESARIA PARA HACER LO QUE EL SEÑOR MANDA

En el contexto de Mateo 18:15, Cristo explica sobre la humildad que deben procurar sus discípulos. Leamos los versos 1 al 5, “En aquel tiempo los discípulos vinieron a Jesús, diciendo: ¿Quién es el mayor en el reino de los cielos? Y llamando Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos, y dijo: De cierto os digo, que si no os volvéis y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos. Y cualquiera que reciba en mi nombre a un niño como este, a mí me recibe.”.

Cuando el cristiano no tiene esta humildad, entonces tiene un espíritu soberbio y rebelde; y con tal actitud, ¿qué cree usted que hará  cuando algún hermano “peca contra él”? No buscará al hermano que le ha ofendido para restaurarlo y rescatarlo de su pecado, sino para desquitarse de la ofensa hecha. Buscará al ofensor, no para corregirle, sino para reñir con él. El creyente ofendido que no tiene humildad, actuará, no buscando fruto, sino destrucción. Buscará vengarse, y hacer el mayor daño posible a su ofensor. No verá con tristeza y compasión a quien ha pecado contra él, sino como un contrincante, como un oponente a quien debe vencer con los mismos medios que le han causado molestia y enojo.

Por eso mis hermanos, es importante considerar las enseñanzas de Cristo presentadas antes de sus palabras en el verso 15. Cristo ha mostrado la importancia de la “humildad” para poder practicar y llevar a cabo el proceso necesario cuando un hermano peca contra nosotros. Desde luego, el sentir que tenemos al ser ofendidos por un hermano, nos exige venganza. No obstante, ese sentir, es un sentir carnal. Debemos tener el sentir correcto. Noten lo que escribió Pablo en Filipenses 2:5 al 8: “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. ¿Qué hizo Cristo? “se humilló a sí mismo”. Esta humillación de parte de Cristo fue necesaria para que él muriera en la cruz por nuestros pecados. ¿Cómo era posible que el divino creador muriese a favor de perversos y miserables pecadores? ¿Era justo que muriera por mí? ¿Estaba obligado a hacerlo? No, y a pesar de todas esas condiciones, “se humilló” para morir por mí. ¿Ahora comprenden por qué es tan importante la humildad enseñada por Cristo, como un elemento necesario para poder actuar, cuando un hermano peca contra nosotros?

Si un hermano peca contra nosotros, no debemos ir a él con otra intención y actitud, que no sea la que Cristo quiere. Pablo escribió en Filipenses 2:2, “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo”. Pablo no está diciendo que no hagamos nada. No, está diciendo, que lo que hagamos, lo hagamos “con humildad”. Cuando un hermano peca contra nosotros, debemos ir a reprenderlo, pero con humildad, buscando su rescate, antes que su condenación.

Ahora bien, ¿qué sucede cuando no actuamos con humildad, buscando la contención y la venganza? ¿Qué sucede cuando pecamos contra nuestros hermanos? Tropezamos. Por eso…

SI TU HERMANO PECA CONTRA TI, AMBOS DEBEN TENER CUIDADO DE NO HACER LO QUE LA CARNE QUIERE

Cristo explica en los veros 6 y 7 de Mateo 18: “Y cualquiera que haga tropezar a alguno de estos pequeños que creen en mí, mejor le fuera que se le colgase al cuello una piedra de molino de asno, y que se le hundiese en lo profundo del mar. ¡Ay del mundo por los tropiezos! porque es necesario que vengan tropiezos, pero ¡ay de aquel hombre por quien viene el tropiezo!”. Los tropiezos y los conflictos suceden entre hermanos. No debemos engañarnos y pensar que los tropiezos no vendrán. Sin embargo, el hermano ofensor, debe estar consiente que, por su pecado, puede causar la perdición de un hermano en Cristo. En otras palabras, Cristo no tolera el que hermanos pequen contra otros. Hacer tal cosa es llevar a nuestros hermanos a la perdición. Si hemos pecado contra un hermano, estemos listos y dispuestos a ser reprendidos por él, y así lograr resanar el daño que hemos causado.

En los versos 8 y 9, dice: “Por tanto, si tu mano o tu pie te es ocasión de caer, córtalo y échalo de ti; mejor te es entrar en la vida cojo o manco, que teniendo dos manos o dos pies ser echado en el fuego eterno. Y si tu ojo te es ocasión de caer, sácalo y échalo de ti; mejor te es entrar con un solo ojo en la vida, que teniendo dos ojos ser echado en el infierno de fuego”. Cada creyente debe tener en mente lo importante de evitar el pecado y las malas actitudes, para no terminar en el infierno. Estas palabras deben motivarnos a evitar el pecado contra nuestros hermanos; y a los ofendidos, a no caer en los deseos de la carne en semejante caso. Tropezamos cuando pecamos contra nuestro hermano. Y tropezamos cuando no hacemos lo que Cristo quiere, al ser ofendidos por un hermano. No, Cristo no está diciendo que nos mutilemos físicamente, sino que evitemos aquellas cosas pecaminosas que pudiésemos llevar a cabo con las manos, con los pies, o con el ojo, que nos “hagan caer” en nuestro andar cristiano.

El alma del cristiano, tanto del que ofende, como del ofendido, son muy valiosas para el Señor. Por tanto…

SI TU HERMANO PECA CONTRA TI, DEBES PROCURAR SU SALVACIÓN (v. 10 al 14).

En Mateo 18:10 al 14, dice, “Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. Porque el Hijo del Hombre ha venido para salvar lo que se había perdido. ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado? Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron. Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños”.

¡Cuánto ama Jesús a los descarriados! El hermano que peca contra otro, es uno que se ha descarriado, y para que este sea salvado, el ofendido debe hacer exactamente lo que hizo el buen pastor.

1. No debe esperar a que el ofensor venga. Sería como si el buen pastor se sentara a esperar en casa a que la oveja descarriada vaya a él. No, el buen pastor “fue por la oveja”, y así el cristiano que ha sido ofendido por otro, debe ir a reprender al ofensor. Cristo lo dijo así: “si tu hermano peca contra ti, vé y repréndele”.

2. No debe evitar al ofensor. Muchos hermanos que son ofendidos por otro, en lugar ir a ellos y reprenderles, mejor los evitan. Ya no les invitan a sus casas. Ya no los saludan en las reuniones de la iglesia. Otros cambian su membresía. Pero, ¿Acaso el buen pastor dejó de preocuparse por la oveja descarriada? ¿Acaso la vio a lo lejos, y siguió su camino con las 99? No, el ejemplo de Cristo demanda acción de parte nuestra cuando un hermano nos ofende, y su mandamiento es “vé y repréndele”.

3. No debe hablar a otros de la ofensa, sino solo con el ofensor. Muchos hermanos cometen el error de ir diciendo a otros sobre la ofensa que algún hermano les ha hecho. El buen pastor no fue por las ciudades para contar sobre su oveja perdida, esperando que otro la rescatara. No, sino que dejó a las 99, y fue él mismo a rescatarla. Cristo dijo, “vé y repréndele estando tú y él solos”. Ningún hermano fuera de ellos dos debe saber de dicho pecado, y de dicha reprensión. Hacer tal cosa es actuar en contra de la Palabra de Dios.

4. Debe ir con el objetivo correcto. Si un hermano peca contra mi, no debo ir a reprenderle solamente. El objetivo de dichas acciones, no son la reprensión misma. La reprensión no es un fin en sí misma. El objetivo es la salvación de quien nos ofendió. El buen pastor no fue a buscar a la oveja para matarla, o para llevarla aun más lejos del rebaño. Note lo que dice el verso 14, y el principio del 15: “Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños. Por tanto…”. ¿Leyó con atención? Todo lo que dice el verso 15, es para evitar que se pierda un hijo de Dios. No es la voluntad de Dios que se pierdan hermanos. “Por tanto”, dice Cristo, “si tu hermano peca contra ti, vé y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano”. Se trata de ganar y no de perder. Se trata de ganar, pero no de ganar una pelea, sino de “ganar a un hermano”. No se trata de “ganar enemigos”, ni de “correr hermanos de la iglesia”. No se trata de satisfacer la carne, sino de satisfacer el deseo de Dios. Éste es el objetivo de ir a reprender, de ir a convencer de su mal a quien ha pecado contra mí.

CONCLUSIÓN

¿Qué deben hacer los cristianos, cuando se presenta un problema personal? Los ofendidos deben de ir con humildad con el ofensor, para hacerle ver el mal que nos ha hecho, y rescatarle de su condición pecaminosa. El ofendido no debe callarse, sino ir a hablar inmediatamente con quien le ofendió. No debe esperar a que el ofendido vaya a dialogar con él. No debe divulgar con nadie sobre dicho pecado y reprensión. No debe buscar la contienda o la venganza. Debe buscar la paz con el ofensor, y la salvación de su alma.

Lorenzo Luévano Salas.

Ciudad Juárez, Chihuahua, México.

06 de mayo, 2012.

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