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Alabanzas espirituales.

Introducción: En Efesios 5, versículo 18, el Señor emite una orden muy difícil. Él nos dice que debemos “ser llenos del Espíritu”. Esto significa que debemos ceder el control de nuestras vidas al Espíritu de Dios; control que es ejercido a través de las enseñanzas del Nuevo Testamento. Cuando seguimos todas y cada una de las enseñanzas del Nuevo Testamento, bien podemos decir que somos controlados o llenos del Espíritu, y así, estamos practicando una vida espiritual. Esto fue lo que aprendimos en nuestra clase anterior.

Comenzando en el verso 19, y continuando hasta el final del libro, se nos da una descripción de cómo es la vida llena del Espíritu. Se nos dice cómo se ve en todas las áreas de nuestra vida, sea en el matrimonio, familias, vida laboral y en nuestra lucha con los enemigos de la fe.

Pero, me parece interesante que, cuando Pablo comienza a describir esta vida llena del Espíritu, no inicia con otra cosa, sino con la alabanza que ofrecemos a Dios. ¿Y por qué? Porque la alabanza que es espiritual, es una expresión de lo que hay en el corazón del hombre. Cuando nuestro corazón está bien con el Señor, nuestra alabanza será también agradable al Señor. La manera más sencilla de poder hacer un diagnóstico para saber la condición de nuestro corazón, es observar detenidamente cómo alabamos. Cuando el corazón está rendido a la voluntad de Dios, entonces la alabanza también lo estará.

No exagero al decir que la alabanza revela la condición del corazón. ¿Ya notaron que, los versículos 18 al 21, todos son una oración? En la Reina Valera 1909 (SBT), el verso 18, termina con el mandamiento, “sed llenos del Espíritu”. Luego, el verso 19, comienza diciendo, “hablando”; el verso 20, “dando”, y el verso 21, “sometiéndoos”. Hay un solo pensamiento desde el verso 18 hasta el 21. Bueno, en esa oración, Pablo conecta el estar lleno del Espíritu con la alabanza apropiada. En conjunto, tenemos la adoración apropiada: La alabanza al Señor, tener un corazón agradecido, caminar en el temor del Señor y mantener una relación correcta con otros. Como vemos, la alabanza es parte integral de la adoración que es agradable a Dios.

Una vez que hemos considerado la presencia de la alabanza en este contexto, nos podemos adentrar en las palabras de Pablo en los versículos 19 y 20, para considerar esta alabanza espiritual de la que Dios nos habla en el verso 19.

En primer lugar, consideremos LA DESCRIPCIÓN que hace Pablo de la alabanza espiritual. Leamos el verso 19 – hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones.

Cuando abordamos este texto bíblico, nos encontramos con una variedad de opiniones sobre lo que Pablo dice. Por un lado, están aquellos que piensan en un grupo de personas que, con el menor sonido posible, murmuran algunas melodías, poniendo principal énfasis en meditar profundamente sobre la gloria del Señor. Otros muchos creen que una alabanza espiritual no puede ser posible, a menos que alguien esté gritando, corriendo de aquí para allá y saltando “delante del altar”, en la que las emociones están sin control alguno.

Pero, independiente de la opinión de los hombres, o de sus experiencias sensoriales, debemos volver nuestra mirada a lo que dice Pablo en el verso 19. Allí se nos muestra cómo se ve y cómo se oyen las alabanzas espirituales.

Para comprender todo lo que Pablo está diciendo aquí, necesitamos examinar las palabras que usa en este versículo.

Parte de la alabanza implica, el estar hablando entre vosotros. La palabra “hablando” es del griego “λαλουντες εαυτοις” (lalountes eautois), es decir, “hablando entre sí”. Pablo dice que debemos hablarnos de manera recíproca.

Esto implica que uno no puede participar en esta alabanza y permanecer en silencio. El mandamiento es “hablarnos unos a otros”.  Si vamos a cumplir el mandato en este versículo, debemos abrir la boca, mover la lengua y permitir que salga sonidos para ser escuchados por nosotros y por otros.

Ahora, como Pablo dice, con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones, es evidente que todo esto tiene que ver con CANTAR. La acción de cantar es un medio verbal para trasmitir, de manera melodiosa, un mensaje. Si vamos a cantar, como parte de la alabanza a Dios, implica que debemos abrir la boca y dejar que salgan sonidos.

En otras palabras, el vocablo “hablar” requiere participación. Uno no puede participar en la alabanza del Señor si la lengua no se mueve, y si no se emiten sonidos.

Por cierto, la palabra “hablando” es un participo en “tiempo presente, voz activa”. Significa que debemos hablarnos mutuamente en expresiones verbales de alabanza todo el tiempo. Nada es más indicativo de una vida llena del Espíritu que un corazón rebosante de alegría y derramando canciones. Durante toda la vida, la felicidad extrema nos llena del deseo de cantar. La presencia del Espíritu hace lo mismo en la vida del creyente. Cuando el Espíritu Santo tiene el control de una vida, una cosa con la que Él llenará esa vida es la alegría. Cuando se le da voz al gozo, siempre se expresa en canciones de alabanza a la gloria de Dios. ¡Un cristiano lleno del Espíritu será un cristiano que canta!

Pablo ahora menciona tres tipos de expresiones que debemos usar.

Salmos: Alabanzas. Es el acto de reconocer los buenos atributos de alguien.

Cuando nuestra adoración está llena y dirigida por el Espíritu, cantaremos canciones que están basadas en las Escrituras. Cada canción que cantamos en la iglesia debe ser bíblica en su contenido. Cada canción debe colocarse junto a la Biblia para asegurar que sea precisa y doctrinalmente verdadera. No debemos cantar una canción solo porque tiene una melodía agradable y pegadiza, o porque es popular. Deberíamos cantar solo aquellas canciones que son escriturales y doctrinalmente precisas. Cuando cantamos canciones escriturales, reforzamos las verdades de la Biblia. Las alabanzas nos ayudan a aprender la Palabra de Dios.

Himnos: en el idioma griego, esta palabra se refería a “una canción pronunciada en alabanza a una deidad”. Es “una canción de celebración”. Literalmente, la palabra habla de “una canción con contenido religioso”. Entonces, un himno es una canción escrita para celebrar a Dios, a su Hijo Jesucristo y al Espíritu Santo. Los himnos están llenos de contenido religioso. Declaran la gloria de Dios. Hablan de su salvación. Hablan de las glorias y maravillas del cielo. Describen su belleza. Los himnos son canciones que hacen que los creyentes celebren la verdad.

A través de los siglos, la iglesia ha usado himnos para enseñar la verdad. En los días en que la gente no poseía Biblias, los predicadores y las personas con talento escribían himnos rebosantes de verdad bíblica, cuando la iglesia cantaba y memorizaba estas canciones, la gente de la iglesia se educó en las verdades de la palabra de Dios.

Necesitamos cantar himnos. Necesitamos cantar más de ellos. Necesitamos cantar una mayor variedad de ellos. Necesitamos aprenderlos y enseñar a una nueva generación. Hay tantos himnos geniales que están siendo descuidados, olvidados y borrados de nuestros recuerdos.

Cánticos espirituales: Estos son cánticos en alabanza a Dios. Aquí Pablo añade el adjetivo “espiritual”, precisamente para indicar la naturaleza de estas alabanzas. Son “espirituales”, no son “carnales”, ni “sensuales”, sino “edificantes”, que harán crecer al cristiano en su fe.

Entonces, la adoración llena del Espíritu, involucra a aquellos que conocen al Señor cantando canciones que lo honran y glorifican. La música de la iglesia debe ser intensamente bíblica. El hecho de que te guste una canción no significa que deba cantarse en la casa de Dios. Si no está basado en las Escrituras, glorificando al Señor o edificando a la iglesia; no tiene lugar en nuestra adoración.

Necesitamos estar en guardia cuando se trata de la música que cantamos y permitir que se cante en nuestras reuniones. Quiero decir aquí que no todas las nuevas canciones son malvadas. Escuchamos mucho la palabra “contemporáneo”. Esta palabra simplemente significa nuevo. Hubo un día en que Sublime gracia era una canción contemporánea, simplemente porque era nueva. La edad de una canción no debe ser el criterio principal por el cual la juzguemos, sino por su contenido, su enseñanza (ejemplo himno 15, himno calvinista en el himnario, “Cantos espirituales”).

Deberíamos tomar la canción y colocarla junto a la Biblia.

Pregunte, ¿es bíblico?

¿Predica el Evangelio?

¿Trae gloria al Señor?

¿Edifica la iglesia?

¿Enseña la verdad eterna?

En segundo lugar, consideremos LA PROFUNDIDAD que expone Pablo de la alabanza espiritual. Leamos el verso 19b-20: cantando y alabando al Señor en vuestros corazones; dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Pablo nos dice que nuestro canto debe ser acompañado con el “corazón”. Él dice: “alabando al Señor en vuestros corazones.” El corazón se refiere al centro de las emociones, pensamientos y la voluntad.  Habla de la mente, del área de la vida donde pensamos.

La palabra “alabando”, en su etimología, significa “rasgar”, “arrancar”, “vibrar”. En una de las obras de Eurípides, se usa “psallo” para indicar la “vibración” que se hace sobre la cuerda de un arco.

La imagen aquí es de un corazón participando activamente en la alabanza. Se trata de que nuestras alabanzas broten desde nuestro corazón, involucrando nuestras emociones, pensamientos y voluntad, y todo, para su gloria. La idea aquí es que, el canto que es para alabar al Señor, siempre comienza en el corazón del cristiano. Ese es su origen, esa es su fuente. Este canto es más que una respuesta superficial y carnal. Es una experiencia donde todo nuestro ser participa.

Cuando el corazón recuerda quién es Dios y lo que el Señor ha hecho, el corazón vibra y quiere alabar a Dios.

Entonces, esto implica que cantar debería ser más que una mera actuación. No son pocos los creyentes que han convertido la alabanza en una exhibición teatral, y al hacer tal cosa, esa alabanza se vuelve hacia ellos, pero nunca llega al Señor. Al hacer eso roban la alabanza que debe ser dirigida a Dios y no a los hombres.

Cantar con el “corazón” también implica que el cantante reflexionará sobre la canción que se está cantando. En otras palabras, no la cantará solo porque es una buena canción; la cantará porque realmente cree sobre el Señor y su voluntad lo que con sus palabras expresa.

La adoración espiritual es siempre una cuestión del corazón. Siempre surge del amor al Señor. Siempre resulta de su trabajo en nosotros. La adoración espiritual siempre es impulsada por el Señor, y siempre fluye de regreso al Señor, enfocando la atención en Él y no en el que canta como si de un artista se tratase.

Note el versículo 20. Este versículo nos dice que nuestra adoración siempre debe surgir de un corazón agradecido. Cuando pensamos en lo que el Señor ha hecho, como llamarnos con el evangelio, salvarnos, guardarnos, bendecirnos, satisfacer nuestras necesidades, caminar con nosotros, usarnos y todo lo que hace por nosotros; aunque el corazón no puede ayudar en todo eso, sí estalla en alabanza por Él.  Les desafío a que dediquen un tiempo de meditación sobre la obra del Señor en sus vidas, y luego me digan que no les conmueve todo ello, y les impulsa a cantar alabanzas al Señor.

Entonces, la alabanza espiritual es un evento que ocurre en el corazón y luego se desborda en himnos y cánticos espirituales.

Entonces, ya hemos visto…

La descripción de la alabanza espiritual.

La profundidad de la alabanza espiritual.

Ahora leamos, nuevamente, el verso 19 para nuestro tercer punto: “hablando entre vosotros con salmos, con himnos y cánticos espirituales, cantando y alabando al Señor en vuestros corazones.

Pablo aquí nos presenta LA DIRECCIÓN de la alabanza espiritual.

Cuando Pablo habla sobre nuestra alabanza espiritual, dice que debemos manifestar una adoración sincera en canciones que glorifiquen a Dios y edifiquen a la iglesia. Entonces, según Pablo, la dirección de la alabanza tiene dos vertientes.

Cuando él dice que debemos estar hablando entre vosotros, está abordando la obra de edificación. Nuestra adoración al Señor es una bendición para los demás miembros del cuerpo de Cristo. Cuando veo que el Señor te bendice, eso me bendice a mí. Cuando lo adoras con cantos que lo glorifican, sirve para edificar mi fe. Cuando escucho a los santos cantar conmigo, me ayuda a crecer en mi fe al recordarme sobre la persona, la obra, las promesas y el poder de Dios sobre nuestras vidas. Entonces, una dirección que tiene la alabanza espiritual, es la edificación de la iglesia.

Ahora bien. Aunque hay un sentido en el que cantamos para ser una bendición para los demás, la segunda dirección de nuestras alabanzas es el “Señor”. Es decir, debemos alzar nuestras voces en alabanza, adoración, gloria y honor al Señor que se entregó para redimirnos de nuestros pecados. Debemos reconocer su bondad, misericordia, poder y soberanía con nuestros labios. “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre” (Hebreos 13:15)

Ante estas verdades bíblicas, deberíamos preguntarnos, ¿qué impulsa nuestras actividades alrededor de la iglesia? ¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Por qué enseñamos, predicamos, cantamos, etc.? ¿Lo hacemos porque amamos a Dios, o lo hacemos porque amamos la atención, la gloria y la alabanza de los hombres? El predicador necesita preguntarse por qué predica. ¿Lo hace para la gloria de Dios, por un deseo de alimentar y ayudar al pueblo de Dios, por un deseo de compartir el Evangelio con los pecadores? ¿O lo hace por un sueldo, o por vanagloria? ¡Los motivos importan! Necesitamos estar seguros de que hacemos todo lo que hacemos desde el “corazón”.

Conclusión: ¿Cómo está nuestro corazón? Si nuestro corazón está en otra parte que no sea el Señor, o si nuestro corazón está invadido por el pecado y la carne, entonces será imposible obedecer estas enseñanzas espirituales.

Fuente: Lecciones en Efesios. Lorenzo Luévano Salas. Libro en proceso de edición.

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