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Chapel of the Ascension

Chapel of the Ascension

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Jerusalén
Atracción turística Iglesia
9 (2057 reseñas)

La Capilla de la Ascensión, situada en la cima del Monte de los Olivos en Jerusalén, es un lugar de profunda significación espiritual que presenta una realidad compleja y única para los peregrinos y visitantes. No es una iglesia convencional en su funcionamiento diario, y comprender su historia y su estatus actual es fundamental para apreciar la visita. Este sitio, venerado por la cristiandad como el lugar terrenal desde donde Jesús ascendió al cielo, opera hoy bajo la administración del Waqf islámico de Jerusalén, funcionando principalmente como una mezquita. Esta dualidad define por completo la experiencia del visitante, mezclando una profunda reverencia cristiana con una gestión musulmana que, si bien permite el acceso, impone ciertas limitaciones.

Un Legado Histórico y Espiritual Innegable

La importancia de este santo lugar en Jerusalén es inmensa para los creyentes. La tradición, que se remonta a los primeros siglos del cristianismo, sitúa aquí el último momento de Jesús en la Tierra. Dentro de la pequeña edícula octogonal, el foco de toda veneración es una losa de piedra que, según la fe, conserva la huella del pie derecho de Cristo en el momento de su ascensión. Este detalle convierte a la capilla en un punto de contacto tangible con un evento central de la fe cristiana. Visitantes y peregrinos describen la experiencia como algo que debe "sentirse", un momento de conexión personal que trasciende la necesidad de explicaciones o exhibiciones museísticas. Es un lugar calificado como "discreto" y "sencillo", cuya fuerza no reside en la grandiosidad arquitectónica, sino en su carga simbólica. Para muchos, es el punto de partida ideal para un recorrido por el Monte de los Olivos, un lugar para la reflexión antes de descender hacia otros sitios sagrados.

La historia del sitio es tan rica como tumultuosa. La primera estructura fue construida alrededor del año 390 d.C. por una mujer de la aristocracia romana llamada Poimenia. Aquella iglesia bizantina, conocida como Imbomon, era una rotonda abierta al cielo, permitiendo a los fieles mirar hacia arriba, emulando a los apóstoles. Tras ser destruida por los persas en 614, fue reconstruida y posteriormente modificada por los cruzados en el siglo XII, quienes le dieron la forma octogonal que en parte se conserva. Sin embargo, con la conquista de Jerusalén por parte de Saladino en 1187, el templo fue convertido en mezquita. Esta transformación histórica es la que define su estatus actual.

La Experiencia del Visitante: Aspectos Prácticos y Críticos

Quienes planean visitar la Capilla de la Ascensión deben prepararse para una experiencia breve y particular. Una de las críticas más recurrentes es la corta duración de la visita; como señala un visitante, "no tardarás más de 5 minutos en visitar el lugar". Esto puede ser decepcionante para quienes esperan un complejo eclesiástico extenso. El espacio es reducido, centrado en la pequeña capilla o edícula dentro de un patio amurallado. No hay paneles informativos, guías ni descripciones detalladas en el sitio, lo que refuerza la idea de que el valor del lugar es más contemplativo que educativo. Se recomienda encarecidamente investigar su historia y significado de antemano para poder conectar verdaderamente con el espacio.

Otro punto a considerar es el costo de entrada. Las opiniones de los visitantes varían, mencionando tarifas de 5 a 10 shekels. Es importante destacar que, según múltiples testimonios, el pago debe realizarse exclusivamente en efectivo. Este pequeño pero importante detalle puede ser un inconveniente para los viajeros que no estén preparados. Algunos visitantes han expresado sentir que el cobro desvirtúa la santidad del lugar, mientras que otros lo aceptan como una tarifa de mantenimiento necesaria. La percepción general es que, si bien es un lugar de peregrinación cristiana fundamental, la experiencia puede parecer menos significativa en comparación con otros grandes santuarios de Jerusalén, una opinión que resuena en comentarios que lo califican como un "buen lugar, aunque no le vi tanta importancia como otros".

Iglesias y Horarios de Misas: Una Realidad Única

Para los fieles que buscan participar en servicios religiosos, la Capilla de la Ascensión presenta una situación excepcional. Debido a su condición de mezquita, no se celebran misas católicas ni servicios de otras denominaciones cristianas de forma regular. No existe un programa semanal de liturgias como en otras iglesias en el Monte de los Olivos. Esta es, quizás, la mayor diferencia y una potencial fuente de confusión para los peregrinos.

Sin embargo, hay una excepción notable que la convierte en un símbolo de coexistencia. Una vez al año, en la Fiesta de la Ascensión (celebrada 40 días después del Domingo de Resurrección), las autoridades del Waqf permiten a diversas confesiones cristianas celebrar sus liturgias en el lugar. Católicos, ortodoxos (griegos, armenios, coptos y sirios) instalan altares temporales en el patio y dentro de la edícula para conmemorar el evento. Este día, el recinto se llena de fieles, cánticos y oraciones, transformándose temporalmente en el vibrante centro de culto cristiano que fue en sus orígenes. Para quienes deseen asistir a una Misa en Jerusalén en este sitio específico, es imprescindible planificar el viaje para que coincida con esta festividad, cuya fecha varía cada año según el calendario litúrgico. Fuera de esta fecha, la visita se limita a la contemplación personal y la oración silenciosa.

¿Vale la Pena la Visita?

La Capilla de la Ascensión es un lugar de contrastes. Por un lado, ofrece una conexión directa y poderosa con uno de los momentos culminantes de la narrativa cristiana, un santo lugar cuya simplicidad invita a la introspección. La presencia de la roca con la huella de Jesús es un foco de devoción de incalculable valor para los creyentes. Por otro lado, la experiencia es pragmáticamente limitada: una visita muy corta, una tarifa de entrada en efectivo y la ausencia de servicios religiosos regulares. Su compleja identidad como mezquita que alberga un santuario cristiano es fascinante, pero requiere que el visitante ajuste sus expectativas. No es un lugar para buscar grandeza arquitectónica o una liturgia diaria, sino para estar en el punto exacto donde la tradición sitúa el puente entre el cielo y la tierra. La visita será enriquecedora para aquellos que lleguen con conocimiento previo y un espíritu de contemplación, preparados para encontrar un profundo significado en un espacio pequeño y de apariencia modesta.

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