Volviendo a la Biblia

La preservación de las Escrituras.

(Salmo 12:6-7). En el campo de la teología, cuando se aborda lo correspondiente a las Sagradas Escrituras, es muy importante tener en cuenta que, en ellas tenemos la revelación, la inspiración y la iluminación de Dios al hombre. Por la revelación, el hombre pudo escuchar de Dios exactamente lo que Dios quiso comunicarle. Por la inspiración, el hombre escribió lo que Dios quería que dijera. Es Dios filtrando su palabra a través de la personalidad humana. Por la iluminación, Dios usa el registro inspirado de la revelación de sí mismo para hablar a los corazones de la humanidad. Sin embargo, ¿es dicha revelación confiable? Si Dios ha hecho estas cosas para comunicar al hombre su voluntad, ¿por qué razón abandonaría su palabra, la cual fue escrita, según su voluntad? Respondiendo, pues, a esta y otras interrogantes relacionadas, hoy quiero hablar un poco sobre la preservación de las Sagradas Escrituras.

¿Qué se quiere decir con “perseveración”? Bueno, es el proceso por el cual Dios ha protegido sobrenatural y providencialmente su palabra a través de muchas reproducciones y traducciones. La idea de la preservación, sostiene que Dios ha supervisado fielmente su palabra a lo largo de los tiempos, de modo que, incluso hoy, después de tanto tiempo, y luego que los hombres escribieron grandes porciones de la Biblia, podemos decir confiadamente que lo que poseemos, lo que tanto valoramos como materia de fe, lo que leemos en la Biblia, son las mismas palabras de Dios.

La mayoría de estudiosos de la Biblia, compartimos la verdad de que los autógrafos originales, todos ellos fueron divinamente inspirados por Dios. Lamentablemente, ninguno de esos autógrafos originales ha sobrevivido hasta el día de hoy. En otras palabras, uno no puede ir a ninguna parte de este mundo y encontrar un trozo del papel que contenga los escritos reales que estuvieron en las manos de de Pablo, Juan, Moisés, Pedro, Santiago, Daniel, Isaías o cualquiera de los otros escritores bíblicos. Dado que eso es cierto, ¿cómo podemos estar seguros de que las Biblias que poseemos hoy en día son precisas y son la misma palabra de Dios? Así como la inspiración de las Escrituras puede probarse decisivamente utilizando tanto la evidencia interna de la Biblia misma como las fuentes externas de evidencia histórica y científica, también puede probarse que la Biblia ha sido divinamente preservada hasta el día de hoy. Con eso en mente, tomemos un tiempo para examinar este tema de la preservación de las Sagradas Escrituras.  

LA ESCRITURA HA SIDO PRESERVADA POR LAS PROMESAS DE DIOS

Al abordar este punto, vamos a examinar la evidencia interna de la Biblia misma. La Biblia contiene varios pasajes que afirman la intención de Dios de preservar su Palabra inspirada para todas las generaciones.

Promesas de preservación del Antiguo Testamento.

  • Salmo 12:6-7, “Las palabras de Jehová son palabras limpias, como plata refinada en horno de tierra, purificada siete veces. Tú, Jehová, los guardarás; de esta generación los preservarás para siempre”.
  • Números 23:19, Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no lo hará? Habló, ¿y no lo cumplirá?
  • Salmo 89:34, No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios”.
  • Isaías 40:8, Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre.
  • Salmo 119:89, Para siempre, oh Jehová, permanece tu palabra en los cielos

Promesas de preservación del Nuevo Testamento 

  • Mateo 5:18, Porque de cierto os digo que hasta que pasen el cielo y la tierra, ni una jota ni una tilde pasará de la ley, hasta que todo se haya cumplido”.
  • Mateo 24:35, El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán”.
  • Tito 1:2, en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos”.
  • 1 Pedro 1:25, Mas la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada”.

Como vemos, la conclusión de estos versículos es muy clara: ¡Dios ciertamente había prometido preservar su Palabra! ¡La evidencia interna es abrumadora! He dado nueve pasajes que declaran explícitamente las intenciones de Dios en este asunto. 

La pregunta que tengo para usted es esta: ¿Cuántas veces Dios tiene que decir algo antes de que podamos concluir que lo dice en serio? ¡Una vez! Tenemos la promesa de Dios, que no puede mentir (cfr. Hebreos 6:18). Él es el testigo fiel y verdadero (Apocalipsis 3:14); por tanto, es lógico concluir que preservará para siempre y perfectamente su testimonio, y eso es suficiente para concluir necesariamente que debe ocuparse en la perseveración de su palabra. Sin embargo, si bien esa puede ser toda la evidencia que necesitan los creyentes de la Biblia, ¡esa no es toda la evidencia que tenemos!

LA ESCRITURA HA SIDO PRESERVADA POR EL PODER DE DIOS

Jeremías 36:1-32, cuenta la historia de Dios dándole a Jeremías revelación e inspiración para escribir una porción de su palabra. Jeremías escribe como se le manda y el rey Joacim escucha la palabra de Dios. Recibe iluminación del Señor, pero rechaza el mensaje. Toma el rollo que Jeremías ha escrito y literalmente lo corta en pedazos y lo quema en la chimenea (Jeremías 36:23). Aparentemente, piensa que destruir la palabra escrita borrará lo que Dios ha dicho. Sin embargo, la palabra de Dios está establecida, no en la tierra, sino en el Cielo (cfr. Salmo 119:89). Dios simplemente envió su palabra nuevamente a través del profeta Jeremías (Jeremías 36:28). Y a pesar de las acciones de Joacim, ¡Dios preservó su Palabra!

Mis hermanos y amigos, ese es un pequeño ejemplo de lo que Dios, históricamente siempre ha hecho con respecto a proteger y preservar su Palabra a lo largo de los siglos.

A lo largo de los siglos, ha habido varios esfuerzos concertados por parte de incrédulos paganos para erradicar la Palabra de Dios. 

En el año 303 d.C., el emperador romano Diocleciano ordenó la confiscación y destrucción de todas las Escrituras de los cristianos. Se quemaron miles de copias tempranas y posiblemente algunos autógrafos originales. Sin embargo, ¡la Palabra de Dios no fue erradicada! Los creyentes fervientes protegieron la palabra y la escondieron en catacumbas, cuevas y tumbas. Así, providencialmente, la Palabra de Dios sobrevivió a ese ataque.

El humanista francés Voltaire dijo una vez: “Otro siglo y no habrá una Biblia en la tierra”. Han pasado dos siglos, y la circulación de la Biblia es una de las maravillas de la época. Después de su muerte, la Sociedad Bíblica de Ginebra compró su antigua imprenta y la misma casa en la que vivía, y se convirtió en un depósito de Biblias. Es interesante que, el 24 de diciembre de 1933, el gobierno británico compró a los rusos un libro llamado, “Codex Sinaiticus” por medio millón de dólares, mientras que, el mismo día, una primera edición de la obra de Voltaire se vendió por ¡once centavos en París!

José Stalin, quien es considerado como un carnicero, un asesino perverso que, luego de apoderarse de todo Rusia, instituyó una ley para la “prohibición de la Biblia” como nunca antes se había presenciado. El hombre miserable literalmente intentó borrar la Palabra de Dios y al Dios de la Palabra de la mente del pueblo ruso. ¿Tuvo éxito? Una encuesta reciente realizada en Rusia muestra que hoy, más personas que nunca creen en Dios y Su Palabra.

Por miles de años los enemigos de la verdad han buscado destruir la preciosa Palabra de Dios. Cada intento de hacerlo ha fracasado miserablemente mientras la Biblia continúa siendo leída y amada por millones de personas.

En 1526, William Tyndale produjo la primera traducción al inglés de la Biblia que se imprimió en una imprenta. Esta nueva versión fue odiada por la Iglesia Católica Romana y en particular por el Obispo de Londres. Cierto comerciante llamado John Packington, que conocía al obispo y su odio por la traducción de Tyndale, pero que también era amigo secreto de Tyndale, fue al obispo de Londres y le dijo que sabía cómo conseguir todas las Biblias de Tyndale. El obispo le dijo que las consiguiera y que con gusto pagaría lo que costaran. El obispo de Londres prometió comprarlas con la intención de quemarlas en la catedral de “Paul’s Cross” en Londres. Cuando Packington fue con Tyndale y le contó el trato que había hecho con el obispo, Tyndale le respondió diciendo que sabía que el obispo quemaría sus Biblias, y dado que la impresión de las Biblias había dejado a Tyndale profundamente endeudado, decidió vender las Biblias al obispo. En esto vio varias ventajas al hacerlo. Primero, podría usar el dinero para pagar su deuda y tener aún más Biblias impresas. En segundo lugar, cuando la gente de Inglaterra viera al obispo de Londres quemando la Palabra de Dios, sin duda alguna se indignarían al tal grado, que la popularidad por la Biblia crecería en gran manera. Entonces, ¡el enemigo de la Palabra de Dios permitió que Tyndale saldara sus deudas, corrigiera el texto de su traducción e imprimiera tres veces el número de Biblias que habían sido destruidas!

Más tarde, cuando arrestaron a algunos de los asociados de Tyndale y les preguntaron de dónde habían recibido el dinero para imprimir sus Biblias, respondieron que el dinero provenía del obispo de Londres. Este único ejemplo es prueba de que Dios es capaz de preservar su Palabra a pesar de los intentos de todos sus enemigos de destruirla.

LA ESCRITURA HA SIDO PRESERVADA POR LA PROVIDENCIA DE DIOS

A pesar del hecho de que Dios prometió preservar su Palabra y que Él ha ejercido su poder divino para preservarla, todavía puede haber alguna duda en algunas mentes acerca de si tenemos o no un registro exacto de la inspiración de Dios en nuestras manos hoy. Bueno, no tenemos el tiempo necesario para examinar toda la evidencia que existe para la preservación de la Palabra inspirada de Dios, pero sí tenemos tiempo para ver una pequeña porción de la evidencia que existe.

Permítanme decir en primer lugar que, el texto del Antiguo Testamento nunca ha sido realmente cuestionado en cuanto a su autenticidad. Los escribas judíos fueron fieles copistas del texto divino. Es posible que haya oído hablar de todos los extensos esfuerzos que hicieron para asegurarse de que sus copias coincidieran con los originales en cada detalle. De hecho, tenían incluso hombres cuyo único trabajo era contar las letras en las copias.  Contaban las “jotas y tildes” (cfr. Mateo 5:18), o los “cuernos pequeños” que formaban partes de las letras mismas, y si el número de letras, de jotas y tildes, no coincidía con el número en el original, ¡la copia era destruida! Si había un solo error, por pequeño que fuera en el texto, la copia se destruía y el copista comenzaba de nuevo. Estos escribas judíos eran tan fieles a la Palabra de Dios cuando llegaban al nombre de Dios, se lavaban y obtenían una pluma nueva antes de escribir el nombre de Dios. Luego descartarían ese bolígrafo y usarían otro para continuar. Debido a su meticuloso cuidado y reverencia por las Escrituras del Antiguo Testamento, ¡el texto hebreo, llamado texto masorético, nunca ha sido cuestionado!

Desde luego, eso no significa que jamás hayan existido intentos por adulterarlo, o cuestionarlo en alguna manera. Por ejemplo, algunos modernistas han sugerido que el libro de Isaías fue escrito por dos personas. De los capítulos 1 al 39 por Isaías y del 40 al 66 por una persona anónima. Ellos no creen que Isaías predijera la venida de Ciro. Para ellos es increíble que el profeta dijera esto con casi dos siglos de antelación, por lo que afirman que todo lo escribió otra persona tiempo después de los acontecimientos. Ahora, si me permiten, entraré en el campo de la apologética, para defender la inspiración del profeta Isaías, y así demostrar que las ideas modernistas están cien por ciento equivocadas.

En primer lugar, tenemos el testimonio del Nuevo Testamento, que dice claramente que el libro de Isaías tiene un solo autor. Por ejemplo, mientras que en Mateo 4:14-16 dice que Isaías 9:1, 2 fue escrito por “Isaías”, en Mateo 3:3 se nos confirma que Isaías 40:3 fue escrito por el mismo profeta. En Juan 12:38 al 40, el apóstol cita Isaías 53:1 y 6:1, 10, diciendo que son palabras “del profeta Isaías”. Y en el verso 41 vuelve a decir que “Isaías dijo esto”. Sobre los últimos capítulos del libro de Isaías, diversos textos del Nuevo Testamento señalan que fueron escritor por el profeta Isaías y no por cierto escritor anónimo (cfr. Mateo 12:12-17 cita Isaías 42:1, 2; Romanos 10:16 cita Isaías 53:1). Nuestro Señor Jesucristo dijo que Isaías 61:1, 2 eran palabras “del profeta Isaías” (Lucas 4:17-19). En cuanto a la evidencia interna del mismo libro de Isaías, nos damos cuenta que la continuidad de Isaías capítulo 39 con el capítulo 40 es evidente al leer ambos capítulos. En los Rollos del Mar Muerto, en lo correspondiente a Isaías, comienza el capítulo 40 en la última línea de la misma columna que contiene el capítulo 39. Los modernistas quieren negar la exactitud del profeta Isaías al afirmar que el libro está dividido en dos partes; sin embargo, ¿les ayuda para sus propósitos tal aseveración? No, pues Isaías no sólo predice la llegada de Ciro, sino también la venida del Mesías, aludiendo a eventos mucho más lejanos que la profecía de Ciro. ¿Qué harán los modernistas? No pueden hacer nada contra la evidencia, sino seguir cuestionando inútilmente.

Sobre Jeremías, algunos pocos críticos han notado las diferencias que hay entre el libro hebreo y la traducción de los setenta. El libro en la versión de los setenta tiene 2700 palabras menos que el texto hebreo. Sin embargo, esto solamente cuestiona la traducción del texto hebreo, pero no el texto mismo.

En cuanto al libro de Daniel, Porfirio[1], filósofo pagano del tercer siglo, quien fuera enemigo del cristianismo, afirmó que el libro de Daniel fue escrito por un judío en los días de Antíoco Epífanes, recopilando historias del pasado y escribiéndolas como si se tratara de profecías. En los años posteriores nadie más había cuestionado la autenticidad de Daniel, sino hasta el siglo XVIII por los modernistas, quienes proponen fechas de escritura que tienen el mismo fin de Porfirio, negar la inspiración de la profecía. La Nueva Enciclopedia Británica, por ejemplo, dice sobre el libro de Daniel que “generalmente se le consideraba de historia auténtica y profecías verdaderas… se escribió en un periodo de crisis nacional más tardío cuando los judíos sufrían de una intensa persecución a manos de Antíoco IV Epífanes”[2], situando la fecha de escritura del libro en el 167 a.C., y negando así que en él se hable de profecías, siguiendo la posición de Porfirio. Por otro lado, la Enciclopedia Americana dice que la historia narrada sobre el exilio en Babilonia tiene muchos datos distorsionados, mismos que presento a continuación con su respectiva respuesta:

  1. Se dice que el rey Belsasar no existe (Daniel 5:1, 11, 18, 22, 30). Los críticos afirman que era Nabonido quien estaba gobernando en los últimos días de Babilonia. Sin embargo, en 1854 se desenterraron pequeños cilindros de arcilla en las ruinas de la antigua ciudad de Babilonia conocida como Ur (Sur de Irak) y en estos documentos cuneiformes del rey Nabonido figura una oración dirigida a “Belsasar”, quien es mencionado como su “hijo mayor”.  

Posteriormente se encontraron más tablillas donde se dice que Belsasar tenía “secretarios y servidumbre”, lo cual indicó que él ejercía poder en el reino. En investigaciones arqueológicas se encontró evidencia en la que se decía que Nabonido se encontraba fuera del reino, por lo que “confiaba el reino” a su hijo mayor. Desde luego, aunque ningún documento dice que era rey, sí demuestran que Nabonido no estaba en Babilonia cuando cayó, y que Belsasar es un personaje histórico. El hecho de que no se llame “rey” a Belsasar en dichos descubrimientos, no es sorpresa que en el libro de Daniel se le mencione como tal, pues en esos días se llamaba rey también a un príncipe (cfr. Ezequiel 28:1, 12).

Otra objeción que presentan los críticos tiene que ver con que se le llame “hijo de Nabucodonosor” en lugar de “nieto de Nabucodonosor”. Sin embargo, cabe mencionar que en hebreo no existen las palabras “nieto” ni “abuelo”. En su lugar los hebreos usaban la frase “hijo de” para hablar de un “descendiente”, incluso de los “nietos” (cfr. Mateo 1:1). El caso es que Nabonido se había casado con la hija de Nabucodonosor, de ahí que Belsasar era nieto suyo. En Daniel 5:7 se ve claramente que Belsasar era el segundo en el mando, siendo Nabonido el primero, por lo que sólo pudo nombrar como “tercer señor del reino” a quien interpretara la escritura en la pared. En conclusión, ¡Daniel tiene una exactitud histórica sorprendente! Los descubrimientos arqueológicos así la confirman.

  1. Darío no reinó en Babilonia (Daniel 5:30, 31). Los críticos dicen que esto es un error, pues el que reinó en Babilonia fue Ciro y no Darío. Sobre esta declaración bíblica, algunos sencillamente dicen que “hasta el momento no se le ha hallado solución”[3], mientras que otros dicen que tal persona es ficticia[4]. ¿Realmente existió Darío o fue un rey ficticio que designó Ciro? Hay dos puntos de vista sobre esta cuestión. Homer Hailey dice que Ciro “derrotó a Nabonido y ocupó Babilonia… Designó a un rey fantasma para que gobernara la ciudad, llamado Darío el medo (Dn. 5:31), quien no debe ser confundido con Darío el grande”[5]. ¿Qué se entiende por “rey fantasma”? ¿Que no existió o que en realidad no era “el” rey? Nadie lo sabe. Otros afirman que fue un rey vasallo de Ciro quien ostentó la designación de “rey de Babilonia” por voluntad de aquel. Se dice que el nombre verdadero de “Darío el medo” fue Gubaru, a quien Ciro nombró como gobernador de Babilonia. Una tablilla cuneiforme indica que “Gubaru” nombró subgobernadores en Babilonia, ¿es esto lo que dice Daniel 6:1ss? Si con asombrosa exactitud Daniel narró los días finales de Babilonia, y sobre todo con respecto a Belsasar, ¿por qué no ha de ser aceptado su testimonio con respecto a que “Darío”, quien quiera que fuera este individuo, reinó por voluntad de Ciro en Babilonia? Este es el resultado final al comparar el testimonio bíblico con el histórico.

Otro intento por adulterar el Antiguo Testamento, fue el que llevó a cabo Orígenes, con la publicación de la famosa “Septuaginta” (LXX). De esta obra se dice que fue una traducción griega del Antiguo Testamento hecha en Alejandría aproximadamente en el año 250 a. C., por 72 ancianos judíos, a petición de Ptolomeo II. Sin embargo, todo esto no es sino una declaración sin evidencia alguna. De hecho, la referencia más antigua de una versión griega del Antiguo Testamento, se encuentra en la llamada “Carta a Aristeas”, escrita, según se dice, por un amante de la filosofía griega, judío y cortesano de Ptolomeo II. Esto, desde luego, ya nos deja con muchas dudas, pues, si existió una traducción griega del Antiguo Testamento, sobre todo, como la LXX que conocemos, debió haber sido arreglada por un judío infiel a la ley de Dios. No obstante, y dado que ningún estudioso puede realmente localizar una Septuaginta antes del año 300 d. C., a final de cuentas, una Septuaginta en los días de Cristo y los apóstoles, no es otra cosa que un mito. Ni Jesús, ni los apóstoles usaron una Septuaginta, y así, jamás validaron el conjunto de libro apócrifos que dicha obra contiene.

El siguiente problema que enfrentamos está relacionado con el Nuevo Testamento. La pregunta es esta: ¿podemos, con confianza, realmente decir que tenemos una copia de la palabra inspirada de Dios? Tomemos un momento para examinar la evidencia. Cada Biblia que existe hoy proviene de una de dos corrientes de textos griegos. Una corriente se llama Texto Alejandrino, mientras que la otra se llama Texto Bizantino. El Texto Bizantino ha llegado a ser conocido como el Texto Mayoritario o el Textus Receptus (El Texto Recibido). No hay forma, en el tiempo que hemos asignado, de que podamos examinar todos los matices de cada línea textual. Sin embargo, podemos ver un par de detalles asombrosos que deberían ayudar a que el problema se aclare.

La Perversión Del Texto Verdadero (El Texto Alejandrino). Esta familia de textos recibe su nombre del hecho de que se originó en Alejandría, Egipto. Fue obra de los padres de la iglesia relativos a ese contexto, siendo los principales, Clemente y Orígenes. Ambos hombres son tenidos en alta estima por los eruditos bíblicos, pero debe notarse que ambos hombres rechazaron una interpretación literal de la Biblia, inclinándose en cambio hacia una interpretación alegórica. Esto simplemente significa que creían que la Biblia era una colección de historias espirituales diseñadas para enseñar la verdad. Mucho podría decirse de estos hombres, pero basta saber, por ahora, que no aceptaban la Biblia tal como estaba literalmente escrita. Este hecho por sí solo hace que los textos en los que participaron sean sospechosos.

Esta familia de textos se basa en unos 45 manuscritos, muchos de los cuales son muy antiguos, algunos datan de alrededor del año 330 d.C. Los dos textos principales de esta familia se llaman Sinaítico (Códice Alef) y Vaticano (Códice B). Estos son los manuscritos más antiguos conocidos que existen. Ambos datan del siglo IV. El Codex Alef fue descubierto en la década de 1840 en un monasterio al pie del Monte Sinaí, por un hombre llamado “Constantin von Tischendorf”. Vio varias hojas viejas de libros antiguos en una pila que se utilizarían para encender fuego en la cocina. Al preguntar, descubrió que tenían un libro aún más antiguo en el monasterio. Los monjes le mostraron entonces el manuscrito conocido como Sinaítico. Este antiguo manuscrito contiene más de 12.000 correcciones y revisiones realizadas por alguien que no es el copista original. También contiene varios libros espurios como “El Pastor de Hermas”, “El Evangelio de Tomás” y “la Didaché”. Todos estos libros han sido rechazados por varias iglesias durante casi 2000 años.

El códice B fue descubierto en la Biblioteca del Vaticano y data del siglo IV. Este manuscrito es en el que más confían los traductores modernos de la Biblia. Este códice ha sido fuertemente corregido por copistas católicos romanos. Por cierto, los traductores de la Biblia “King James”, así como la Antigua Versión de Valera, sabían de la existencia del Codex B, pero optaron por evitarlo.

Lo que es interesante, es que estos dos manuscritos, que forman la base de todas las versiones modernas de la Biblia, ¡discrepan entre sí más de 3000 veces solo en los cuatro Evangelios! Hay otros 43 manuscritos que sustentan esta familia textual. Recuerde, cada nueva versión de la Biblia, han seguido la corriente de usar los textos griegos en estos manuscritos corruptos. Un enorme total de 45 manuscritos se encuentran detrás de todas las nuevas versiones de la Biblia.

Estos textos fueron tomados, cotejados y nos llegan hoy en la forma del popular texto griego de Nestle. Este texto es considerado el estándar por la mayoría de los estudiosos de la Biblia. Sin embargo, ¡todavía solo se basa en unos 45 manuscritos corruptos!

La Preservación Del Texto Verdadero (El Texto Tradicional). La otra familia de textos tuvo su origen en la ciudad de Antioquía en Siria. Los eruditos en Antioquía adoptaron un enfoque más literal de la interpretación bíblica. Consideraban que la Biblia era más que una mera alegoría; ellos creían que era la misma Palabra de Dios. Como resultado, fueron diligentes en asegurarse de que fueran fieles en copiarlo correctamente, empleando muchas de las mismas técnicas de sus predecesores judíos. Es esta línea textual la que ha dado al mundo muchas de las grandes traducciones de la Biblia, tales como El texto griego de Erasmo de 1522 (más tarde conocido como El Textus Receptus, 1633), la Biblia alemana de Martín Lutero, hacia 1530; la Biblia de Tyndale, 1522; la Biblia Coverdale, 1535; la Biblia de Ginebra, 1560, la Biblia King James, 1611 y la Antigua Versión de Valera, 1602.

Mientras que las nuevas versiones se basan en un total de 45 manuscritos, ¡aquellas versiones que fueron traducidas del Texto Mayoritario se basan en más de 5210 manuscritos! La abrumadora cantidad de manuscritos está de acuerdo con el Texto Mayoritario. Por cierto, cuando se compara el Texto de Nestle con el Textus Receptus, se encuentra que se omiten unas 3.000 palabras en el texto de Nestle, y también se omiten unos 20 versículos.

¡Esto es asombroso cuando se considera que las Guerras de las Galias de César, que se escribió en el año 52 a. C., tiene solo 9 buenos manuscritos que lo respaldan y el más antiguo data de unos 900 años después de la época de César! La Ilíada de Homero fue escrita en el año 800 a. C., y solo hay 643 copias. La copia más antigua se hizo alrededor del 400 a. C. La tradición textual de la Ilíada ocupa un distante segundo lugar con respecto a la tradición del Nuevo Testamento cuando se considera el número de manuscritos, la antigüedad de los documentos y la calidad de los textos. Tácito fue un romano que vivió entre el 55 y el 117 d. C. Sus dos obras extensas son Historias y Anales. Solo sobreviven cuatro y medio de los catorce libros de Historias, mientras que solo sobreviven diez de los dieciséis libros y dos libros parciales de Anales. El texto de ambos depende de un manuscrito del siglo IX y uno del siglo XI.

Cuando sumamos todo, el Nuevo Testamento se basa en más de 86,000 fragmentos y manuscritos. ¡Hay más evidencia de la exactitud del Nuevo Testamento que cualquier escrito antiguo, punto! ¿Tenemos la Palabra de Dios? ¡Absolutamente! 

Mientras que el Texto Mayoritario tiene mucha más evidencia a su favor contra el Texto Alejandrino, algunos argumentarían que los textos Alejandrinos son más antiguos, y por lo tanto son más confiables. Bueno, ¡más viejo no siempre es mejor! La explicación de por qué existen más manuscritos tempranos de la línea alejandrina es que los textos mayoritarios se desgastaron por el uso. El hecho de que existan muchas, muchas más copias de esta línea es una prueba positiva de que la iglesia antigua la favoreció sobre la línea alejandrina de manuscritos.

CONCLUSIÓN

Simplemente he tocado la superficie de este asunto de la preservación del texto bíblico. Sin embargo, espero dado la suficiente confianza para que estén convencidos de que tienen en sus manos, y espero que también en sus corazones, la misma Palabra de Dios. Por cierto, que no los moleste que las dos líneas de texto parezcan tan diferentes. Cuando todos los manuscritos se cotejan y se colocan junto al Texto Mayoritario, ¡se encuentra que están de acuerdo el 98% de las veces! Del 2% que no está de acuerdo, la mayoría es de naturaleza trivial

La conclusión es esta: de todos los manuscritos existentes de todas las variaciones, la diferencia entre ellos que podría llamarse sustantiva”, es apenas del 1 por ciento. ¡Eso es un acuerdo total entre todas las líneas textuales del 99,9%! 

Si las dos líneas de texto están tan cerca, entonces, ¿importa qué versión usas hoy? ¡Creo que sí! La abrumadora mayoría de la evidencia descansa en la esquina del Texto Mayoritario. ¡Para mí la discusión ha quedado resuelta para siempre! Aunque yo jamás descartó ninguna en el campo del estudio de las Escrituras.

Cierro con esta pregunta: ¿Dios ha conservado perfectamente su palabra hasta el día de hoy? ¡Toda la evidencia dice que lo ha hecho! Por lo tanto, lea su Biblia con confianza. Base su vida en ella con seguridad. ¡Es la Palabra de Dios preservada e inspirada! Dios ha supervisado su palabra a través de miles de traducciones y copias. Él nunca ha vuelto a inspirar la Biblia, algunos piensan que lo hizo en 1611, pero eso no lo creo. Él nunca la volvió a inspirar, pero ha preservado su Palabra y la ha preservado en su forma inspirada e infalible. ¡Bendito sea su nombre!

Lorenzo Luévano Salas.

Evangelista.

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[1] Filósofo neoplatónico griego, quien escribiera una obra de quince volúmenes titulada “Contra los cristianos”, en los que atacaba diversos temas de la Biblia, especialmente la divinidad de Jesucristo

[2] The New Encylopaedia Britannica. The book of Daniel.

[3] Comentario Arqueológico de la Biblia. Gonzalo Baez-Camargo. Pág. 200. Editorial Caribe.

[4] The New Encylopaedia Britannica. The book of Daniel.

[5] Un comentario sobre los profetas menores. Homer Hailey. Versión al español por Bill H. Reeves. Edición de Noviembre 2005. Página 44.

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